Escritos Jose Miguel bW

Aug 06, 2016

Microrelatos de la puta vida 9d15: Tatuadas

 

Tenía el pelo de tres colores, marcas de cuerdas por doquier y tatuajes hasta en el coño. Con los personajes de su piel Tim Burton podría hacer una película de terror y con las frases que llevaba escritas se podría escribir una copla de la Piquer.

Las mujeres la miraban con recelo, los hombres con deseo y las niñas con curiosidad. Era culta y valiente, era fuerte y sensible, era dulce e intensa. Amable con algunas personas... pero una zorra implacable con otras. Una mañana de agosto, persiguiendo un Pokemon por la calle, la atropelló un camión.

La gente acudió al instante, pero ya para verla muerta sobre el asfalto... aunque más guapa que nunca. El pelo desordenado, su pañuelo pirata desanudado, el top blanco desgarrado, el short vaquero roto, una de sus Converse a cinco metros y su cuerpo semidesnudo salpicado de sangre.

En un minuto ya estaba completamente pálida. Sin embargo todos los tatuajes, más vivos que nunca, comenzaron a moverse, mientras la gente, maravillada pero asustada, retrocedía unos pasos. Las estrellas de su cara ascendieron al espacio y el dragón de su espalda se fue tras ellas; las cinco rosas de sus brazos buscaron un jardín y las mariposas de su cintura las acompañaron; sus muchas calaveras y serpientes se fueron por las alcantarillas, el ratón Micky se alejó bailando y la bruja de su culo volando en la escoba. Las palabras bajo su pecho buscaron periódicos abandonados y las cadenas y esposas de sus tobillos se arrastraron haciendo ruido. Los diamantes de colores se incrustaron en los anillos de las chicas que había cerca y el Darth Vader de su pierna se metió en un cine. Lo último que salió de ella, pero muy enfadada, fue la pequeña gatita negra de su hombro, su primer tattoo.

Pronto su cuerpo blanco quedó completamente limpio de tinta y fue cuando Marta, entre sudores, abrió los ojos. Completamente acojonada y tirada en su cama se miró el cuerpo y allí estaban todos sus tatuajes. Lo primero que hizo al levantarse fue pedir cita para hacerse otro, tal vez una Luna para su gata.

Jul 27, 2016

Microrelatos de la puta vida 8d15: Cris, Noe y Marty

 

Marty y Cristina, las chicas más pibonas de la 'cervezada del aquapark', mueren allí decapitadas por el capitán del equipo de fútbol. Las llevan a la morgue, donde las muerde una rata zombie y se reaniman. Se ponen las cabezas, pero como están desorientadas se las intercambian. Furiosas, regresan a la fiesta para vengarse del futbolista y sus amigos, metiéndoles a todos sus litronas por el culo.

DAISY
La perrita Daisy ladraba a la puerta como una loca. Noelia abre y entran estas dos, con las camisetas llenas d sangre y las cabezas cambiadas. La quieren morder, pero Noe les pega dos hostias, tirando sus cabezas al suelo. Les pone a cada una la suya y, mientras Cristina va a la cocina a preparar uno de sus asquerosos zumos de verduras, Marty muerde a Noe en el culo, aprovechando que esta mandaba callar a Daisy.

LA PISCINA
Las amigas zombies se ven ahora más blancas que nunca, así que se van a la piscina a tomar el Sol. Y allí están las mujeres más espectaculares del mundo, tumbadas directamente sobre el césped, vestidas solo con gafas de sol, reflejando la luz en las gotas de sudor de sus cuerpos hermosamente pálidos y rodeadas de estúpidos mirones.

LA MASACRE
Cuando anochece, el agua de la piscina es roja y cientos de móviles no paran de sonar. Cristina experimenta en la barra nuevos zumos orgánicos con hígados y kiwis, Noe le da de comer a Daisy tapitas del corazón del socorrista y Marty devora cerebros como si fueran chocolatinas con fresa.

¡Ahora se irán las tres a la playa en el nuevo Mini de Cris, a ver que se comen por allí!

Jul 26, 2016

Microrelatos de la puta vida 7d15: Mª Cristina

 

El establo apestaba a muerte. Todos los caballos agonizaban destripados y con los ojos desencajados e inundados de sangre y lágrimas. Cangrejos rosas entraban y salían de sus cuerpos, cientos de cuervos negros peleaban por los despojos y fuera los mastines ladraban como demonios.

La frágil niña pálida entró despacio, moviéndose entre vísceras que parecían anguilas vivas y aspirando el vapor espeso que ascendía de los charcos de sangre y excrementos. Pies descalzos, ojos naranjas, pelo negro, boca roja y estridente música de chelo. Parecía buscar algo entre ese espantoso caos, oníricamente iluminado por los reflejos blancos de Luna llena que se filtraban entre las vigas rajadas del techo.

Vio algo brillar, enredado en las crines de la cabeza cortada de una yegua negra. Era el piercing con crucifijo de plata que perdió allí mismo la noche anterior, cuando copuló con el macho cabrío. Lo cogió, desgarró el vestido y se lo colgó de un pezón.

Cansada de vivir, pero bendita e inmortal, salió de allí perdiéndose en el bosque, camino de una nueva aldea.

Jul 25, 2016

Microrelatos de la puta vida 6d15: Ana

 

A Ana NO le sonreían las estrellas, NADIE se fijaba en ella, NADIE comprendía sus risas, NADIE lloraba sus miserias… En su vida NO había copas, NO había sexo, NO había música ni bailes… Ana se despreciaba, NO se quería a sí misma. Ana NO era Ana.

Pero un día decidió traicionarse. Miró a un hombre, se humedeció los labios, se puso un vestido estrecho y aguantó el dolor de los tacones. Ella fue la que mordió primero y así ganó su primera pelea. Ana comenzó a andar a cámara lenta. Aprendió a llorar con elegancia, a beber despacio, a controlar sus miradas… y dejó de precipitarse.


Ahora fumaba como lo hacen las princesas, follaba como las estrellas del porno, callaba como los diablos sabios, escuchaba música que pocos comprendían, leía libros de autores malditos y tatuó calaveras con rosas en su piel.

Entonces Ana viajó a la Luna y bajó al fondo del mar. Aprendió a mirar al Sol con los ojos abiertos, a bañarse en agua helada, a saltar al vacío sin mirar abajo; aprendió a disparar, a aterrizar de pie, a clavar sus tacones en los gilipollas, a meter la mano en la cesta de las serpientes, a no llorar si no merecía la pena… Ana aprendió a ser ella misma.

Ana sois todas las mujeres, Ana eres tú!

Jul 25, 2016

Microrelatos de la puta vida 5d15: Gloria

 

Miguel Ángel vivía una existencia oscura entre los humanos, observándolos con afecto y creyendo comprender sus males y deseos, pero incapaz de interactuar con ellos. Con el tiempo comprendió que no podía ser visto ni tocado, y que su naturaleza era una mera presencia que pasaba desapercibida. Aunque en ocasiones tuvo la sensación de que alguien notaba su reflejo, siempre fueron bebés que lo contemplaban con desinterés o personas muy ancianas mirándolo con tristeza. Encerrado en su estado etéreo hacía lo imposible para relacionarse con las personas, pero era física y emocionalmente incapaz de ello.

En su día más negro y desesperado vagó por la ciudad para experimentar sensaciones humanas. Entre toda esa gente destacaba una bella mujer morena que él apenas recordaba y que parecía poseer un brillo tan especial como no había visto en años. Durante horas la siguió a todas partes experimentando sentimientos olvidados. Intentó llamar su atención varias veces, pero fue en vano. Abatido, y para despedirse de ella, le acarició en silencio el pelo con su mano.

Gloria sintió que alguien le rozaba el pelo con suavidad. Se giró, pero allí no había nadie, tan solo una sensación de frío, soledad y tristeza, la misma que experimentó la noche anterior cuando soñó con su difunto amigo. Sabiendo lo que tenía que hacer y sin tiempo que perder, entró en casa, encendió una vela repitiendo su nombre y la protegió en un pequeño candelabro para que se consumiera despacio.

Miguel Ángel se giró para mirar a la mujer por última vez, pero en su lugar solo había una pequeña llama. De alguna manera esa débil luz le iluminó de esperanza. A medida que se acercaba el brillo era más intenso y firme, tornándose en mil colores y lanzando energía por doquier. Entró en la luz y se vio así mismo fundido con ella, alcanzando un estado de paz como no había conocido nunca. Lo último que vio fue el rostro de Gloria, que lo miraba con una plácida sonrisa y le lanzaba un beso de despedida.

Jul 23, 2016

Microrelatos de la puta vida 4d15: María

 

Cristina se levanta todos los días a las cinco de la mañana, despierta a María y se peinan la una a la otra. Riendo se van al parque donde, tras un naranjo, tienen guardada una gran escalera rosa.

Según un plan previsto Cristina la apoya en una estrella y María trepa hacia ella. Allí arriba, con la cara resplandeciente y los pies colgando, habla con el astro en un idioma que solo ella conoce. Luego baja, da un beso cómplice a su hermana y sube a hablar con otra estrella. Así toda la noche. Cuando amanece guardan la escalera y se van a casa a desayunar te de rosas con mariposas.

Cuando anochece las dos salen a la calle, huelen los jazmines de las macetas y se tumban en el césped. María abre su cajita de música mágica, en la que cada vez suena una canción distinta. Esa noche una nana gitana: “Mi niño es más bonito que los reales de a ocho, dulce como el caramelo, tierno como el bizcocho. Duérmete y calla, mi niño bonito, duérmete y calla, y no des a tu madre tanta batalla”.

Llorando de emoción las dos miran al cielo y ven como las estrellas se mueven despacio, al ritmo de la nana, hasta dibujar una nueva constelación en forma de delfín.


- Qué bien te ha quedado esta María. ¿Qué quieres dibujar mañana?
- Una piruleta en forma de corazón!
- Jaja!, pues vamos a la cama a descansar que ya mismo te estoy despertando!

Jul 22, 2016

Microrelatos de la puta vida 3d15: Cristina

 

Cristina solía detenerse frente al pequeño escaparate de una vieja casa de empeños cercana a su casa. Tenía una preciosa vitrina, con cristales esmerilados, donde exponían las joyas más antiguas. Le gustaba imaginar a las mujeres que las lucieron y evocaba historias sobre sus fascinantes vidas.

Ese día reparó en un pequeño camafeo que no había visto antes. De inmediato quedó hechizada por el daguerrotipo que enmarcaba. Era el rostro blanco y muy triste de una bellísima joven de pelo negro y mirada transparente. Cristina no tardó en comprender que esa mujer, como un fantasma conservado en luz, la observaba a través de los siglos. Con el corazón en la boca entró en la tienda, cogió la joya y salió de allí corriendo. No respiró hasta llegar a su casa y cerrar la puerta con llave.

Sentada en la cama miró de nuevo la fotografía y le pareció que los ojos de la mujer eran ahora más vivos y su expresión cada vez más posesiva. Empapada en un sudor helado, arrojó el camafeo al suelo y se precipitó a darse una ducha caliente de la que salió sin secarse. Casi levitando sobre la huella mojada de sus pisadas se dirigió hacia el espejo del armario, donde vio que todo su cuerpo desnudo parecía cada vez más pálido y ajado.

Temblorosa recogió la joya para descubrir, espantada, que el rostro del retrato era ahora el suyo. Levantó la mirada hacia al espejo y vio que el cuerpo y la cara que reflejaban eran los de la otra mujer. Completamente aterrada gritó con todas sus fuerzas, pero no emitió sonido alguno.

A la mañana siguiente el empleado de la casa de empeños compró, a una bella e hipnótica extranjera, un antiguo camafeo con la fotografía de una joven que le resultaba familiar.

Jul 21, 2016

Microrelatos de la puta vida 2d15: Lola

 

Dibujando ángulos curvos por la acera, se sentía más cansada y asqueada que en toda su puta vida. Luchaba por estar despierta, pero sus párpados eran como dos persianas de hierro azul desmaquillado. Esa madrugada de septiembre era tan brutalmente gélida que hasta las flores estampadas en su vestido estaban más pálidas y tristes que nunca; con un tirante mal cosido, con olor a tabaco de liar, con el pelo sucio y sin ropa interior. Finalmente cayó de sus tacones junto a un árbol contra el que consiguió sentarse, sobre el rocío de un césped infinitamente mullido y suave.

Su pequeño bolso abierto, con la cremallera siempre rota, derramó un pintalabios rosa, un móvil sin batería, un par de condones, papelinas de aluminio, una cucharilla del ajuar de plata de su abuela y un par de jeringuillas usadas. Lola miró esas cosas y reflejó en ellas su propia vida desperdigada, la de una princesa malgastada.

Con movimientos pesados encontró su última vena virgen en un tobillo, y se chutó todo lo que tenía. Lentamente fue doblando el cuello y levantando su pesada mirada hacia la copa del árbol. Por el gran tronco vio reptar a un ser pálido y extraño, de rasgos animales y gestos lentos. Ojos brillantes, gruñido sordo y dientes afilados. Permaneció viva mientras el vampiro le partía el cuello y tragaba hasta la última gota de su sangre contaminada. Lola murió sonriendo a la venganza de su destino, pensando que este cabrón sería el último hombre que la jodería.

Jul 20, 2016

Microrelatos de la puta vida 1d15: Raquel

 

Sentada en un banco de madera desteñida, bajo la sombra de un naranjo de la plaza, veía a las niñas de su edad. Tan tontas ellas, tan vestiditas a la última, tan amiguitas unas de otras, tan felices todas; haciendo grupitos, hablando en alto, tonteando con los chicos..., ignorándola. Sola se levantó y sola se marchó a casa, pisando todos los charcos que encontró. A cien metros ya podía escuchar a su padre gritar y a su madre llorar.

Entró sin hacer ruido, subió las escaleras dejando en los peldaños sus huellas mojadas y se acostó vestida en la cama que compartía con sus hermanas. Avanzada la noche acabaron los gritos con un portazo a la calle. Un largo minuto después su madre se acercó despacio y la besó, dejándole lágrimas y sangre en la mejilla. Raquel, como siempre, se hacía la dormida.

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